Críticas Melijovo


Críticas Melijovo

 

¡Queridos amigos!

Aquí tienen los dos artículos sobre la participación del Teatro de Cámara Chejov en el Festival Internacional de Mélijovo. Originalmente estaban escritas en ruso y luego traducidas al castellano. ¡Que disfruten dela lectura!

DSC_0017m

Pavel Podkladov, el corresponsal de la radio “Nashe Podmoskovie” y de las revistas “Strastnoi bulvar” e “Inye berega”.

Después de haber vencido todos los obstáculos llegó al Festival “La Primavera de Mélijovo” el español-ruso Ángel Gutiérrez, conocido y admirado por el público de Mélijovo junto con su equipo del Teatro de Cámara de Madrid. Es la cuarta vez que a pesar de las increíbles dificultades, trae a la “Primavera de Mélijovo” sus extraordinarios espectáculos chejovianos. Este año- aniversario del “Jardín de los Cerezos” Ángel presentó al público del Festival su versión de la gran obra de Anton Pablovich Chéjov.

El director expresa la esencia de la obra así. Cuando desaparece la belleza y el amor se derrumbará el mundo. Todo desastre permite manifestarse a las personas en su cruda realidad, sobre todo se revelan los bajos fondos de la convivencia. Ante la caída de todos los valores el acumulado rencor se desata y sale a la luz sin máscara. En la hora de los recién llegados, de los que adoran el dinero y el éxito como único árbitro de las cosas divinas y humanas. Hemos dejado de comprender el sentido de la vida y sus valores, por eso buscamos en el dinero, en lo material,- en la lotería la única salvación, el milagro. Y el milagro está en la misma vida, en la creación de belleza, en el trabajo incansable y hacer el bien. Pero hay otros que buscan el milagro en el dinero y el único milagro es la vida misma, en la belleza del mundo y nuestro trabajo para crear más belleza y hacer el bien y la justicia.

En esta “ALTA tragicomedia” que nos muestra Ángel Gutiérrez, el drama de la pérdida de todas la ilusiones hermanas se funde con la farsa, la belleza con la fealdad y lo monstruoso con lo sublime del espíritu humano- junto a la bajeza y a las pasiones mezquinas. El espectáculo involucra al público desde el primer momento en el torbellino de acontecimientos “providenciales” que transcurren en la hacienda de los Gaiev.

Maestro de crear atmósferas y dominio excepcional del espacio escénico, la mise-en-scéne y la plasticidad, – Ángel Gutiérrez comienza su espectáculo con bravura y alegría. Después de un suave diálogo entre Lopajin y Duniasha, desde el fondo del hermoso jardín una bandada de personajes bailando, saltando, gritando y riendo alegremente, que llegan de recibir a Raniesvskaya en la estación. Todos muy elegantes, variopintos y pintorescos.

Leonid Andreievich (Germán Estebas) no hay nada de los clichés a los que estamos acostumbrados- ni al locuaz charlatán, ni al romántico… Este Gaiev es joven, sencillo, un tanto tristón e incluso algo tímido. De su encanto de antaño y gallardía nos delata tal vez sus exuberantes bigotes con las puntas retorcidas hacia arriba a lo Salvador Dalí. Los que tuvieron la suerte de ver hace dos años en este festival de Melíjovo “El Oso” de Ángel Gutiérrez, difícilmente reconocerían en este Gaiev a aquel bravo y brutal terrateniente Smirnov hispanohablante, que irrumpe como un vándalo en la casa de la viuda Popova para exigir una deuda pendiente. Al final se enamora de ella hasta las orejas.

Simeonov-Pishik es majestuoso e importante y trovador, nos recuerda al personaje Nozdriov de Gogol. Epijodov es gracioso, algo tan ridículo que parece un asesino de opereta. Firs, descaradamente teatral, misterioso e infernal, – un joven actor barbudo. Hermosa Charlotta, – energética, alegre e infatigable.

Podría seguir hablando mucho y con placer de cada uno de los personajes, tan vivos y encantadores, tan increíbles son y tan “sabrosos”. Y únicamente el lacayo Yasha, que aparece desde el principio como un bastardo, grosero a pesar de su atractivo aspecto físico, provoca un rechazo. Por cierto, este personaje lo interpreta un buen actor ruso Alexander Kulkov introducido en la obra como una urgencia poco antes de la función. Los diálogos con los actores, que hablan en español, Yasha contesta con descaro y desfachatez en ruso. Esto provoca siempre una reacción viva en el público. Parece sin embargo, que el director concentró en este personaje todo aquello que más ferozmente aborrece en la vida: la vulgaridad, el descaro, la inmoralidad, su altivez y desprecio hacia los que le rodean, hasta hacia su propia madre. Además la bajeza y servilismo de este bastardo están subrayados por medio de su vestuario. Yasha se pavonea en la gama colorística de Natasha de “Las Tres Hermanas”: chaqueta rosa, chaleco de rallas y pantalón verde.

Al principio todos en esta casa están alegres, despreocupados, ligeramente ebrios y enamorados unos de otros. Y, únicamente en los preciosos ojos de Ranievskaya (brillante trabajo de Beatriz Guzmán de Torres), junto con las emociones que le invaden al ver su querida casa, una oculta tristeza, y el presentimiento de un desastre o naufragio. Pero ella no quiere creer en lo malo, rechaza y se evade de los presentimientos e intenta zambullirse y disolverse en el alegre movimiento “browniano” de los demás. Sus ojos brillan al recordar París, a su amado, incluso cuando rompe sus telegramas.

Todavía están contentas y despreocupadas Varia y Ania. Aunque no son hermanas carnales, parece que son inseparables: dos mitades de algo íntegro. Además que se parecen mucho, entre ellas aparece constantemente el “arco voltaico” de un amor sobrehumano.

Al crear el “Jardín de los Cerezos”, Ángel Gutiérrez sentía una enorme nostalgia por otras obras de A. P. Chéjov. Es por esto, que cuando tres maravillosas mujeres jóvenes – Ranievskaya y sus dos hijas abrazadas, – permanecen sentadas en el proscenio, en el mismo borde de la terraza, surge involuntariamente la imagen de las “Tres Hermanas” y Nina Sarechnaya y Masha, o Elena Andreievna y Sonia…

Suenan maravillosas y tristes canciones rusas durante el espectáculo, especialmente conmovedoras por las que cantan con esfuerzo y cariño (superando nuestra dificilísima fonética). Se puede decir con seguridad que el director ha creado un espectáculo absolutamente ruso, mezclado con ardientes pasiones españolas. Y te maravillas, admiras y sorprendes de la similitud de estas pasiones aparentemente tan distintas por la mentalidad y energética de ambos pueblos. Y viene a la memoria el verso de la famosa canción, que en este caso sonreía así:
“¿De dónde proviene en este español tanta tristeza rusa?”

El mundo del bienestar y la abundancia en la casa de los Gaiev se derrumba, la muerte del jardín de los cerezos como símbolo de la vida luminosa y próspera de antaño es inevitable. La metamorfosis de los habitantes de esta casa, aunque prevista, es sin embargo sorprendente. Se ensimisma y envejece ante nuestros ojos Gaiev, cambia Ania y se entristece, se esconde en su cascarón Varia desesperada sin que Lopajin llegue a declarar su amor. Y en los ojos de Ranievskaya ya no hay ni amor ni esperanza, reflejan el fuego que abrasa su alma y tristeza y ansiedad por una vida destrozada, el fracaso de sus ilusiones y su dolor infinito. Sus ojos gritan de amargura y espanto (imposible expresarlo de otra forma), son aún más pavorosos enmarcados en su hermoso vestido purpura y fúnebre. Y en esos ojos no sólo vemos horror por la pérdida del nido familiar y una vida perdida sino también, como afirma el director, “la tragedia del verdadero fin del mundo”. Su mirada, igual que el penetrante sonido del segundo acto (“como los voces de niños y mujeres que atraviesan nuestros oídos desde las tinieblas”), nos anuncia que este mundo se derrumba, definitivamente sin esperanza, sin belleza. Y en sus ruinas sólo quedaron los infames “yashas” que en un éxtasis salvaje bailarán sus danzas diabólicas en las tumbas de los desgraciados y humillados, olvidados por todos los “firses”. Con esta bacanal termina el espectáculo de Ángel Gutiérrez.

El director no pretende calmarnos o darnos alguna esperanza. Este hombre que ha vivido una gran vida llena de pasiones, guerras y acontecimientos imprevistos, afirma con amargura que “los jardines de cerezos” no sólo existen en todos los tiempos, en la historia de cualquier pueblo, sino en el destino de cada persona. Y con eso, una vez más nos convence a todos, a mí mismo, que su querido, “más querido que su propio padre” Antón Pavlovich Chéjov, es infinito y sin fondo como el universo.

 

Olga Shvedova, crítico teatral, autora, fundadora del Museo en el Teatro de Oleg Tabakov en Moscú. Colabora con la editorial “Panorama”, corresponsal de las revistas “Mir muzeya”, “Planeta Krasota”, “Teatral”.

“El Jardín de los Cerezos” en español.

El nombre de Ángel Gutiérrez es conocido entre los amantes de teatro y cine en Rusia. Los interesados pueden encontrar un volumen inabarcable de información sobre “el ruso español” en Internet: sus trabajos como director, actor, pedagogo que vivió 27 años en la Unión Soviética. Español de origen, él ha hecho tanto para la cultura rusa del siglo XX que su vida, única en su especie, merece ser descrita en un ensayo biográfico.

Pero hoy lo más importante para los aficionados al teatro, tanto rusos como europeos, es el hecho de que en el corazón de España, durante más de tres décadas vive en Madrid el Teatro Chejov. Podríamos afirmar que es la verdadera creación de Ángel Gutiérrez. En su repertorio encontramos obras clásicas españolas (Cervantes, Lope de Vega, Tirso de Molina ect.) y universales (Shakespeare, Goldoni, Moliere…). Sin embargo el eje de su repertorio son las obras de Antón Pavlovich Chejov, y en primer lugar las obras de teatro de este gran escritor ruso.

Por primera vez asistí en 2012 al festival de Chéjov “Primavera melijoviana”. El Teatro del Ejército ruso representaba al aire libre acudí a la muestra vespertina de La Gaviota. A mi lado estaba sentado un hombre moreno con unos ojos que brillaban iluminando todo su alrededor. Después del espectáculo me propuso dar un paseo por las alamedas oscuras. Ese era mi primer encuentro con el director Ángel Georgievich. Más tarde me enteré que las obras de Chejov, como la estrella polar, guiaban a este director español. Mientras vivía en nuestro país, absorbía la cultura rusa, el encanto de muchas personalidades talentosas rusas del siglo XX, cuyos nombres nos recuerdan las épocas enteras de teatro y de cine de Rusia: Lubimov, Tarkovski, Visozki, Efremov, Okudjava…

Con los lectores de la revista “Planeta Belleza” me gustaría compartir mis impresiones del espectáculo del Teatro Chejov puesto en escena por Ángel Gutiérrez, estrenado el 9 de mayo de este año en Madrid y más tarde – en el Festival Internacional de Mélijovo. La última obra de Chejov escrita ya hace 110 años, de la que se aburrían (que los expertos en la obra artística de Chejov me perdonen la expresión) varias generaciones de espectadores empezando por los tiempos colegiales, en una palabra – El Jardín de los Cerezos – ha aparecido delante de mis ojos en el escenario del teatro madrileño “Nuevo Alcalá´”. La sala estaba llena. Una escenografía sencilla y sobria. Cada objeto también es un personaje silencioso que encarna las ideas chejovianas. En el rincón de la izquierda (el cuatro de las niñas) – un icono de la Madre de Dios. En el centro un diván, a la derecha – el “estimado” armario. Desde las varas aparecen colgadas las ramas de los cerezos en flor. Con esta sencillez pero también en relieve crea el director y al mismo tiempo escenógrafo la imagen de Rusia y todo aquello que valoran tanto los habitantes de la hacienda.

Confieso que una emoción difícil de definir me llenó al escuchar el castellano en “El Jardín de los Cerezos”. Pero poco a poco, reconociendo a los personajes aparentemente desconocidos a primera vista, yo contemplaba “El Jardín de los Cerezos” como si nunca lo hubiera visto antes. Chejov y el contenido de su comedia atraviesan las barreras lingüísticas. De pronto desapareció esa especie de pátina o barniz de mi acostumbrada percepción del conocido texto y ante mi mirada espiritual nacía algo grandioso que yo no había visto en los espectáculos rusos.

¿Porqué Chejov en sus comedias deliberadamente rechaza las leyes tradicionales de los géneros literarios? (Recuerden, por ejemplo, La Gaviota). En el teatro madrileño veíamos una tragedia meticulosamente enmascarada de comedia. Las caídas cómicas de Epijodov (Samuel Blanco), los trucos de clown y los números acrobáticos de Sharlota Ivanovna (Cristina Martínez), los monólogos vigorosos y demagógicos del eterno estudiante Petia (Miguel del Ama), los ojos de Ania iluminados por el amor y las vanas esperanzas (Lorena Neumann) – nada aminoraba el presentimiento y la aproximación de la desgracia, del final.

La acción escénica está construida por el maestro de tal manera que el drama con los episodios cómicos que provocan la risa en la sala, como el fatum de las tragedias antiguas, lleva inevitablemente a los personajes a un desenlace mortal.

El personaje que más me ha impresionado es Ranievskaya (Beatriz Guzmán), vemos en ella cierta similitud con los personajes dramáticos de Dostoiesvki (Nastasia Filipovna), hay en ella rasgos infantiles, es indefensa y no está preparada para enfrentarse a esta realidad cruel. Su hermano Gaiev (Germán Estebas) es un actor de una plasticidad excepcional y una mímica muy expresiva, todavía de atreve a bromear, desconectar, evadirse… Pero Lubov Andreievna es una mujer totalmente desdichada condenada al igual que el bello jardín que floreció para ser talado. Jamás el personaje de Ranieskaya había provocado en mí tanta compasión humana. No he visto nunca a una Raniesvkaya tan conmovedora e indefensa como en este espectáculo.

Lopajin (Jacobo Muñóz) está fascinado por su encanto femenino. En el montaje de Ángel Gutiérrez Lopajin es energético, apasionado, emprendedor; pero se trasluce una atracción romántica hacia Ranievskaya.

Hay varios momentos en los que el director agrupa a la madre con sus dos hijas en una emocionante composición: permanecen inmóviles y cantan canciones rusas; sus posturas transmiten ternura y especialmente el cariño de Ranievskaya hacia Varia y Ania, el presentimiento de una despedida inevitable y también el amor entrañable de las hijas a su madre. Pero vemos, sin embargo, en esos momentos con nitidez, la diferencia de caracteres entre las dos hermanas. Y cuando Ania reacciona con su su sonrisa encantadora y despreocupada a los monólogos apasionados y tristes de Varia o simplemente se queda dormida, se ve la lejanía e incomprensión que separa a las dos hermanas. La interpretación de Varia nos recuerda inevitablemente a su predecesora Sonia del “Tío Vania”. Pero la excelente actriz Laura Martínez (Varia), sin ademanes ni gestos, únicamente con la profunda expresión de sus ojos, su rostro, nos transmite la fuerza espiritual se esta muchacha. Aunque lanza con despecho y desesperación las llaves de la hacienda a los pies de Lopajin, ¡cuánto amor y que riqueza espiritual hay en ella! La grandeza de Varia y su fuerza están en su fe cristiana inquebrantable, en su generosidad y en su paciencia; ha sufrido desde niña y aprendió a trabajar a llevar su cruz. Toda esta riqueza y su raíz popular la ayudarán a sobrevivir la muerte del jardín de los cerezos. Aunque uno no entienda el castellano, es imposible no sentir toda la profundidad de su alma rusa. Nada, ni siquiera la frialdad de su aparente novio Lopajin conseguirán doblegar su personalidad humana.

En El Jardín de los Cerezos español encuentra su expresión escénica uno de los temas más importantes de Chejov. Es el tema de la sordera de alma humana. Ángel Gutiérrez resuelve ese tema de la incomunicación humana con verdadero talento. A través de la acción escénica, de la gesticulación y la mímica son capaces los actores de expresar el dramatismo de la incomunicación. Es asombroso cómo estos jóvenes actores españoles han sabido hacernos llegar con brillantez esa peculiaridad de la obra chejoviana.

– Ángel, – le pregunté al director después de la función- pero si los personajes de Chéjov no se oyen unos a otros, ¿verdad?
– Claro,- respondió- por supuesto. Pero es que ¿acaso nosotros hoy nos oímos unos a otros? Estamos sordos.

En el espectáculo de A. Gutiérrez, y es lo que me penetró el corazón, la sordera espiritual habita todas las almas vivas de la finca (exceptuando tal vez a Varia). La institutriz Sharlota Ivanovna, aunque estando en compañía de otros, hace constar sin reparo alguno: “¡No tengo con quien hablar!, entendí que en todos los acontecimientos de la representación ondeaba el aire de una soledad desconsoladora de los seres vivos de este drama. Sea por quien sea empezada la conversación, nunca se resolvía. El dialogo se interrumpía o pasaba a otro tema resaltando en las entonaciones y la conducta de los personajes. Únicamente Firs, sordo por su vejez, oía y entendía a todos. Él escucha con el alma y todas sus acciones están dictadas por el amor, por eso es tan enternecedor y humano. Interpretado por un actor joven (Oscar Goicoetxea) Firs era tan convincente en su cariño que el espectador siente su amor y fidelidad hacia sus amos. Justamente a él se lo olvidarán en la hacienda vendida, como si fuera un objeto inútil, aunque querido e imprescindible en el pasado.

Sin embargo, el espectáculo no finaliza cuando los dueños desalojan su nido familiar abandonando a su criado leal en la casa cerrada. El vestido inaprovechado que han traído de Paris para Varia está tirado en la cruce de dos tablas con las que de una manera simbólica se hinca la vida perdida de la hacienda. Aun más: el porvenir, espantoso, cínico y diabólico, irrumpe violentamente el final de la obra. Yasha (Keesy Harmsen) acompañado por la cacofonía tronadora triunfa la bestial y bárbara llegada de nuevos dueños del mundo. Él, ferozmente derriba el icono, se ríe a carcajadas y se enfurece en una danza salvaje sin dejar ninguna esperanza en renacimiento “del jardín floreciente”.

Talan el jardín de los cerezos, es decir: la muerte aparece en la pieza de Chejov. En el espectáculo de los españoles no se oye los hachazos, pero hay otra sensación mucho más intensa, siniestra y escalofriante; el sonido del reloj que marca los últimos segundos de la vida de la Belleza del Universo.

 

Esta entrada fue publicada en Actualidad, Portada. Guarda el enlace permanente. Tanto los comentarios como los trackbacks están cerrados.
  • Calendario

     lun  mar  mié  jue  vie  sáb  dom
                01
    02 03 04 05 06 07 08
    09 10 11 12 13 14 15
    16 17 18 19 20 21 22
    23 24 25 26 27 28 29
    30 31          

  • Noticias